Bacterias en la piel: macrobiota humana y bacterias beneficiosas

La piel tiene su propia flora bacteriana que ayuda a proteger al resto del organismo de los agentes externos. Así debes mantenerla para evitar problemas.

Desde un punto de vista estrictamente científico, la microbiota cutánea es el conjunto de bacterias que se encuentran presentes en la piel de manera natural. Pero, aunque parezca contradictorio, este conjunto de microorganismos no son responsables de ninguna infección en estado normal. Más bien, todos ellos son necesarios para que la dermis y todo el organismo funcione de manera adecuada y queden protegidos frente a patógenos externos.

Pero ¿en qué se diferencian estos microorganismos de los microbios que sí suponen un problema de salud? ¿Cómo tenemos que cuidar la piel para evitar complicaciones dérmicas?

Descubriendo el lado bueno de las bacterias en la piel

Hablar de bacterias, hongos y virus puede parecer desagradable y difícil de soportar en una conversación al uso. Mucho más, cuando descubrimos que todos ellos están presentes de manera habitual en una piel sana. Pero esta es una manera muy superficial de tratar el tema. De hecho, por encima de todo ello, solo debes tener en cuenta una única premisa: la microbiota cutánea (ese conjunto de bacterias presentes en la dermis) funciona como una barrera protectora tanto física como inmunológica.

Es decir, el equilibrio de todos estos microorganismos permite que tengamos una piel bonita, hidratada y deslumbrante. Hasta que cualquier perturbación pone en peligro esta armonía bacteriana y aparece acné, eccema, irritación, dermatitis atópica… En este sentido, si queremos cuidar nuestra dermis, necesitamos mantener el nivel óptimo de bacterias buenas.

Cómo cuidar la microbiota cutánea

Ser un maniático de la rutina de limpieza diaria no es tan buena idea como parece. Sí, hemos repetido en numerosas ocasiones que se debe realizar este gesto todos los días al levantarse y acostarse, pero es importante también elegir los productos adecuados para ello y la intensidad con la que se aplican. En este sentido, los expertos recomiendan:

  1. Utilizar productos sin sulfatos, sin jabones y con un pH neutro. Las sustancias químicas pueden alterar de manera notable la microbiota y convertir el microbioma en otro totalmente diferente.
  2. Recurrir a prebióticos. Con cremas y productos como los de Bioxán (todo un referente en el mercado de cosméticos de origen natural), puedes favorecer y asegurar el mantenimiento del equilibrio de la microbiota.

Ahora ya puedes decir que tienes la cara llena de bacterias y dormir a pierna suelta. 😉

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