La deshidratación es un problema común de la práctica deportiva. ¿Cómo evitarlo y conseguir, además, una piel radiante antes y después del entrenamiento?

Somos agua. Más del 60% de nuestro cuerpo está formado por este líquido tan preciado que permite al organismo realizar sus funciones y, más importante, mantenerse sano y bello. Precisamente por ello, a diario necesitamos beber, al menos, dos litros de agua para recuperar las pérdidas y mantener unos niveles de hidratación adecuados. De la misma manera que necesitamos cremas humectantes (independientemente del tipo de piel) para evitar que el agua se escape de manera descontrolada a través de la dermis.

A pesar de que sabemos toda esta teoría, la práctica en ocasiones se nos escapa. Sobre todo en momentos críticos como a la hora de hacer deporte. Beber agua es entonces imprescindible, y debemos hacerlo antes de empezar a sentir sed. Sin embargo, la mayor preocupación es completar el entrenamiento del día en el tiempo estipulado y nos olvidamos de todo lo demás. Te contamos la compleja relación entre ejercicio, agua y piel y cómo puedes mantenerla siempre viva.

Cómo hidratar la piel (y el organismo) en el deporte

La alimentación es la mejor forma de mantener el balance hídrico de nuestro cuerpo en el punto correcto para que todo funcione a la perfección. Es decir, frente a la actividad diaria del organismo (que es la principal causa de pérdida agua y electrolitos) debemos seguir una dieta cuidada para cubrir cualquier déficit. Pérdidas que aumentan, lógicamente, con actividades como el deporte.

Para evitar la deshidratación y el desequilibrio del cuerpo en general y de la piel en particular durante el ejercicio, estos son los consejos que se deben seguir:

  • Beber agua. Es un paso fundamental y que debemos repetir antes, durante y después de todo el entrenamiento. Si no es un deporte de alta intensidad o que se prolongue durante varias horas, no es necesario recurrir a las bebidas isotónicas (que ayudan con la recuperación de sales, pero tienen mucho azúcar, con las consecuencias que eso trae para la belleza).
  • Retirar el sudor con una toalla limpia. Sea cual sea el tipo de actividad que realices, puede que termines el entrenamiento empapado en sudor. Es algo normal y no hay de qué preocuparse salvo de ir secándose durante toda la práctica. Por un lado, es un hábito de limpieza, pulcritud y cortesía; por el otro, evitarás que la piel esté en contacto durante mucho tiempo con todas las toxinas que se expulsan con la transpiración (aunque cada vez más científicos aseguran que no hay residuos en estas secreciones).
  • Terminar con una ducha de agua tibia. Una vez finalizado el ejercicio, tanto si estás en el gimnasio como al aire libre, lo mejor es meterse directamente debajo del agua. A poder ser ni muy fría ni muy caliente, para no irritar [más] la piel.
  • Aplicarse crema hidratante para cerrar el círculo. Si queremos conseguir la máxima hidratación antes y después de la práctica deportiva, además de seguir bebiendo agua necesitamos una buena crema humectante en toda la piel del cuerpo.