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Todo lo que debes saber si tienes la piel sensible

A veces, identificar cuál es nuestro tipo de piel no resulta una tarea fácil, y, por lo tanto, dar con el cosmético adecuado también tiene su dificultad.

El aumento de las temperaturas y la mayor cantidad de horas de sol suelen conllevar un aumento de la sensibilidad cutánea, por eso, hoy vamos a dedicar el post al comportamiento y cuidado de las pieles sensibles.

La contaminación, el uso de productos cosméticos no aptos para cada tipo de piel, la herencia genética, el sol e incluso la mala alimentación pueden contribuir al desarrollo y permanencia de una piel sensible, que en primavera se suele confundir con la piel atópica.

¿Cómo diferenciar una piel sensible de una piel atópica?

Es importante conocer las claves para identificar cada tipo de piel, ya que será lo que permitirá hacer una buena elección de los productos necesarios para sus cuidados, ya sean cremas, jabones, maquillaje, etc.

Una dermis sensible es menos tolerante y puede reaccionar de manera negativa a los agentes externos como los cambios de temperatura o los cosméticos con alérgenos, en general no indicados para esta tipología. Su manto hidrolipídico se muestra desestructurado, por lo que las reacciones a estos factores se producen con mayor facilidad.

Si se trata de una piel atópica nos encontramos ante un trastorno inflamatorio de la piel de carácter crónico cuyas manifestaciones son en forma de picor intenso, irritación o inflamación cutánea. En estos casos la sequedad puede desencadenar en eccemas y descamación de la piel, pudiendo llegar a provocar una infección.

Entonces ¿cuándo sé que mi piel es sensible?

La piel sensible, también denominada reactiva o intolerante, es una piel que reacciona de manera exagerada a ciertos factores externos, es decir, una piel que presenta hiperreactividad (una alteración en la barrera cutánea y un aumento de la reactividad).

Es posible que su origen sea genético, pero es más común que su manifestación sea desencadenada por estímulos externos, siendo los ambientales (cambios de temperatura, excesiva exposición solar), los cosméticos (la aplicación de productos que puedan provocar alergias) y los fisiológicos (estrés, nerviosismo, una alimentación desequilibrada o ciertas enfermedades) los que provocan una mayor sensibilidad.

Este tipo de pieles se caracteriza por sufrir una alteración en la función barrera de la piel, lo que inevitablemente provoca que se vuelva menos tolerante ante esta clase de agentes. Este aumento de la sensibilidad cutánea puede traducirse en sequedad, descamación, purito, eritema… especialmente en las zonas más expuestas (el rostro o las manos, por ejemplo).

Los síntomas más comunes, en mayor o menor medida, son la tirantez, el picor, el enrojecimiento, quemazón o erupciones en el cuerpo o en el rostro, y una de las razones de tener una piel sensible es la falta de hidratación en la capa lipídica, la capa más expuesta. Al estar debilitada la barrera protectora, la piel pierde agua con mayor facilidad y hace que se reseque en exceso, lo que la sensibiliza aún más.

Por si fuera poco, ahora que estamos en primavera y necesitamos tener la piel preparada para esta nueva estación, los alérgenos ambientales como el polen pueden desencadenar una respuesta inmunitaria, y además de provocar síntomas en nariz, ojos o bronquios, pueden dar lugar a picores, urticaria, erupciones y causar molestias severas.

Cuidados para una piel sensible

Cada vez es más frecuente encontrarse con personas que reconocen tener problemas de sensibilidad en su piel, y sean cuales sean los síntomas, se debe insistir en la necesidad de cambiar la rutina de cuidados.

Limpieza facial

Tratar de no frotar la piel con movimientos agresivos y utilizar jabones con el pH adecuado en la rutina de higiene facial son prácticas con las que se puede evitar desencadenar la reactividad de la piel. También es recomendable utilizar agua fría para lavarse la cara, ya que el agua caliente deshidrata mucho.

Productos de belleza y cosméticos

Para evitar estas reacciones no deseadas es conveniente utilizar cosméticos formulados específicamente para pieles sensibles que respeten el equilibrio natural de la piel, y huir de los ingredientes perjudiciales para pieles sensibles. La fórmula de Bioxán está especialmente diseñada para las sensibles o dañadas. Nuestras cremas hidratan, regeneran y mejoran el aspecto de la dermis proporcionándole el cuidado que necesita.

Hidratación

Uno de los síntomas de la piel sensible es la sequedad, por lo que es importante recurrir a cremas hidratantes que eviten la pérdida excesiva de agua. Además, la superficie lipídica necesita una buena hidratación para para enfrentarse a los agentes externos, fortalecer la barrea cutánea y aliviar los síntomas. En este caso, la Vitamina E es el mejor principio activo para la defensa de la piel contra los efectos nocivos de los radicales libres.

Dieta y alimentación

La alimentación es muy importante en las pieles sensibles o reactivas. Es recomendable seguir una dieta rica en antioxidantes, porque no solo presentan beneficios en cosmética, sino que en los alimentos también ayudan a bloquear los radicales libres para retrasar el desgaste y el deterioro de los tejidos de la piel. También se debe valorar la toma de suplementos de vitamina B, pues bajos niveles de o falta de esta vitamina pueden hacer más sensible la piel y, por tanto, provocar la aparición de dermatitis e inflamaciones.

Pero no todo es negativo. La parte positiva de tener la piel sensible es que existen muchos tratamientos y productos en el mercado dedicados a su cuidado. Únicamente hay que saber identificarla. La colección de tratamientos Bioxán está pensada para la protección y el tratamiento de la piel sensible, dañada o frágil, pero es apta para todo tipo de pieles.

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