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Prepara tu piel para el verano: rutina diaria

La llegada del verano siempre supone un aumento del número de actividades que realizamos al aire libre y, por tanto, del tiempo que estamos expuestos a la radiación solar. Además, con esta subida de temperatura la dermis sufre, así que, antes de que sea tarde, lo mejor es empezar a hacer ajustes desde ya en la rutina y preparar la piel para el verano.

¿Cómo preparar la piel para el verano?

Adoptar los cuidados necesarios antes del verano para que el sol no pase factura es tan importante como proteger la piel durante los meses de calor y regenerarla una vez hayan terminado.

En cantidades moderadas, la luz solar durante esta época es beneficiosa para la salud de las personas y favorece la absorción de Vitamina D, sin embargo, una exposición descontrolada podría derivar en diferentes enfermedades perjudiciales para el organismo.

Actualmente, la radiación ultravioleta es considerada la principal causa de la aparición de melanomas y otros tipos de cáncer cutáneo, además de provocar eritemas, pigmentaciones, envejecimiento prematuro, sequedad y deshidratación, fotosensibilidad… Por eso, cuanto más nos cuidemos la piel más preparados estaremos para protegernos del sol.

Pero ¿por qué son tan importantes estos cuidados previos? Llevamos varios meses con la piel oculta, por lo que una exposición al sol de forma repentina podría resultar nociva. Lo ideal sería hacerlo paulatinamente, aunque muchas veces no es posible, así que toca adoptar una serie de medidas e incluirlas en la rutina para lucir un bronceado sin dañar la piel.

1. Rutina de belleza diaria

Durante el verano es más importante que nunca mantener las rutinas de belleza diarias. Es especialmente conveniente la limpieza facial por la mañana y por la noche, aunque practicar la doble limpieza facial siempre es un plus en cualquier rutina.

En este paso, los cosméticos que se utilizan durante el invierno pueden ser perfectamente válidos para el verano, aunque hay quienes prefieren dejar las texturas untuosas para los meses de frío y optar por otras más suaves, ligeras y de fácil absorción. Algo que las pieles grasas y mixtas agradecerán puesto que se liberarán de esa sensación de pesadez que generan las texturas densas.

2. Hidratación

La característica por excelencia del verano, y a su vez la más perjudicial para la piel, es el calor. En esta época es muy habitual la deshidratación, el agua se evapora con las altas temperaturas y la piel se muestra debilitada, menos sana y con sensación de tirantez.

En estos casos el cuidado básico es la hidratación, que no se debe descuidar en ningún momento del año, pero ahora es un buen momento para reforzarla. Podemos utilizar productos dermocosméticos enriquecidos con principios activos de origen natural, nutritivos y especialmente humectantes e hidratantes para lucir una piel saludable y protegida. Aunque si el objetivo es combatir la deshidratación hay un activo que es esencial para atrapar la humedad y retener el agua en la piel: el ácido hialurónico, que además potencia la formación de colágeno y mantiene el nivel de hidratación.

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3. Alimentación rica en antioxidantes

El sol es uno de los factores medioambientales causante de la generación de radicales libres, las moléculas que atacan a la piel provocando lo que se conoce como estrés oxidativo de las células y dando lugar a su envejecimiento.

Los antioxidantes se encargan de bloquear los radicales libres, lo que contribuye a retrasar el desgaste y el deterioro de los tejidos de la piel. ¿Y cómo podemos conseguir esto? Con los betacarotenos. Las frutas y verduras ricas en betacarotenos son una fuente de antioxidantes que contribuyen a retrasar el deterioro de la piel, además de ayudar a acelerar el bronceado. Estos alimentos suelen ser todos aquellos que tienen un color anaranjado, como la zanahoria, la calabaza, el boniato, el mango o el melocotón, pero lo cierto es que la mayoría de los vegetales contiene algún porcentaje de este pigmento.

4. Protección solar durante todo el año

La exposición solar continuada es extremadamente perjudicial para la piel, y no siempre se es consciente de los riesgos de la radiación ultravioleta. El problema va más allá del envejecimiento cutáneo prematuro, y es que puede acarrear enfermedades mucho más graves como el cáncer de piel.

La mejor manera de evitarlo es la prevención, por eso no vale con utilizar protector solar solo en verano o los días de playa. El protector se puede (y se debe) utilizar en cada época del año, acompañado de productos hidratantes y nutritivos adecuados a cada tipo de piel.

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